domingo, mayo 14, 2006

Obsesión por el ser


Este agorero al que ustedes quieren tanto se interrogaba el otro día sobre si era necesario llamar a un publicista de prestigio para resolver los problemas de simbología que padece lo español. Es muy interesante, porque hoy El País titula un amplio reportaje a toda página que titula La marca España pierde entre los jóvenes, e incluso interroga a un publicista, Luis Cuesta, sobre la cuestión:
"Lo malo es que llevamos decenas de años malinterpretando los iconos. Es como si la bandera no representara nada, salvo cuando se radicaliza. Pero detrás de esa enseña está la marca de España, y creo que se ha producido un abandono de esta marca. No nos hemos preocupado de ella"
Más interesante aún es darse cuenta que España funciona como nunca - digamos lo que digamos y nos pongamos como nos pongamos - y que lo que los que la habitan han hecho en 30 años es, honradamente, espectacular.

Qué extraña edad la mía, que estando en aquéllo que suelen decir que es tu momento, hay edad suficiente para recordar lo que era esto. Tengo personas a mi cargo con sólo una década menos a sus espaldas a quienes hay que decirles precisamente eso, que no sabéis lo que era esto. Que yo crecí temiendo al verdaderamente temible ejército español (la mía, una generación que hacía lo que fuera por librarse de la mili), que recuerdo lo que era viajar en la Renfe (es que no había AVE y el Talgo era lo digno, no lo eficaz), que consideraba el viaje de cada verano en carretera un periplo y no una excursión, que he visto trenes llenos de españoles llendo a Francia a vendimiar sin dar crédito a lo que veía (un Buñuel puesto al día, al menos había bocata). Y ahora no es nada de eso. Pero, claro, lo percibo yo. Y supongo que los de mi edad y seguro que los anteriores a mi.

Por eso debe ser que Felipe González habla de reconciliarse con España. Es como una catarsis pendiente. Miren no es porque España tenga que existir necesariamente, eso es cosa de nosotros los vivos y de los que vengan, es que duele pensar que se tienen que tomar decisiones sobre un artefacto tan, en el fondo, entrañable e interesante con la idea de que es exclusivamente un concepto fascista. Los datos que aporta El País, una encuesta realizada a jóvenes de 18 a 24 años de la Fundación Santa María dejan poco lugar a las dudas. Miren no sólo el que les he puesto más arriba, sino éste:



Aznar puso una bandera desproporcionadamente grande en la plaza de Colón, el sitio del 12 de octubre y esa cosa llamada Hispanidad. Casi lo corren a gorrazos. Fue interpretado como una afrenta: en el mecanismo acción/reacción todos se desnudaron. Aznar porque al ponerla grande y gloriosa denotaba la necesidad de que eso se explique (si fuera evidente, no se hubiera molestado), la de los otros por no considerar normal que un país ponga su bandera en un sitio público con cierto sentido de homenaje: si se hace en Francia, no es fascista, en España, sí.

Las preguntas de El País (sobre datos publicados ya hace unas cuantas semanas, debe decirse) son pertinentes:
¿Estamos ante una efímera moda nacionalista que reniega de la identidad española como si se tratara de una mala madrastra, o ante un fenómeno de disgregación cultural de consecuencias más duraderas? El sociólogo vasco Javier Elzo, que ha trabajado en el estudio de la FS, y es responsable para España del Grupo Europeo de Valores, atribuye un valor relativo a los datos de las comunidades uniprovinciales, "porque tienen un margen de error muy alto". Pero, en todo caso, advierte de que no se trata de un fenómeno único. "Hay que entender los datos en el doble proceso de globalización e individualización que se da en toda Europa. La globalización provoca un repliegue hacia los elementos identitarios más próximos, como el pueblo, la ciudad, hasta el propio barrio. Allí donde se dan elementos identitarios nacionales más fuertes, como en el País Vasco, Cataluña, Galicia o Andalucía, se produce también un repliegue hacia la propia comunidad autónoma. Pero yo no diría que hay una motivación política en ello, salvo en el País Vasco"
Parece ser que el péndulo patriótico pudiera, también, no ser cosa de vascos y ocurren otras cosas:
...la encuesta de la FS no detecta en esta comunidad especial frialdad hacia España. Aunque el sentimiento catalanista aumenta entre los jóvenes, el de pertenencia a España se mantiene por encima de la media nacional. Caja lo atribuye a las particularidades demográficas. De los 4,2 millones de catalanes que viven en áreas metropolitanas, más del 61% son castellanohablantes. Pero Joan Sánchez, profesor de Ciencia Política y director de la fundación catalanista Jaume Bofill de Barcelona, tiene su propia explicación. "Lo atribuyo a una cierta saturación. Normalmente, en los jóvenes hay un sentimiento de rebeldía hacia el poder instituido. Y en Cataluña, ¿qué es lo que han conocido estos jóvenes durante 23 años? El Gobierno de Jordi Pujol. Por lo tanto, yo creo que se ha podido producir un sentimiento de saturación", argumenta. "Últimamente las grandes movilizaciones ya no han sido por el rock catalán o por la lengua, sino contra la globalización"
No sabría decirles si es mejor eso, de tener que ser mejor. Pero más bien parece que el sentimiento mayoritario en cuanto cruzas Atocha (plaza de, nada que ver con Guipúzcoa) tiende a ser algo más parecido a lo de este gallego, de la tierra de Francisco Franco Bahamonde:
"La pertenencia a España la veo como una cuestión administrativa, aunque soy del Real Madrid"
Acabáramos: es como en los tiempos del General; España: Julio Iglesias y Real Madrid. Pero los sociólogos se apuntan a algo que, de cierto, es de lo más interesante y para el análisis, especialmente de los popes de comunicación peperos:
En cuanto a España, García Montero es de los que piensan que goza de buena salud. "Lo que ocurre es que la España de los últimos 30 años es una España distinta, y hay gente que le tiene miedo"
Tanto optimismo choca con la realidad, especialmente cuando se le pregunta a un asturiano, que ya se sabe que es España y el resto tierra conquistada:
"Aquí, el término España sigue asociado al franquismo. Está en el inconsciente"
He aquí la cuestión, Hamlet: mientras Fernando Alonso ganaba en Montmeló las banderas preponderantes eran esos pendones azules asturianos. La monarquía puede que lo goce por aquello que le toca; Renault no debe echar gota, más publicidad - azul - gratuita. Mariano y José Luis tienen - los dos - ese problema, encontrar la forma en que las palabras y las banderas signifiquen otra cosa. No parece fácil con las autonomías compitiendo por borrar el concepto español, especialmente si es cañí (ese noble ejercicio en favor de la libertad que es querer que los comerciantes vecinos de la Sagrada Familia de Barcelona no vendan gitanillas con volantes), pero parece que no queda más remedio si quieren hacer de esto un país que termine su disputa cainita.

El reportaje se cierra con el verdadero vellocino de oro que ni Estatut ni proceso de paz parecen encontrar:
Erick Campos, secretario general de las Juventudes Socialistas de España, cree que no se deben sacar las cosas de quicio. "Nunca hubo fervor con la bandera en España y ahora tampoco. Pero no es un símbolo que divida". Y le parece bueno que aumente el sentimiento de pertenencia a la propia ciudad o a la comunidad autónoma: "Significa que ayuntamientos y Gobiernos autónomos resuelven los problemas de la gente". Y advierte: "Una comunidad también es Estado, y la bandera catalana también es española". Aunque no lo vean así muchos de los que la enarbolan.
Me da que no lo ven, no.