miércoles, febrero 28, 2007

Píldora quebequesa


De la última edición de The Economist:
"El apoyo a la independencia hoy día tiene mucho que ver con el cálculo de costes y beneficios, según François Rocher, investigador político de la Universidad de Ottawa. "El nacionalismo promovido por el resentimiento y la inseguridad cultural está en declive. El tema es más y más '¿qué podemos hacer mejor por nosotros mismos?'"
En nuestra particular Ínsula de Barataria, los nacionalismos alternativos al pretendidamente adormilado nacionalismo español (bueno, en cierta forma, algo tiene de dormido: Santiago y cierra España da risa), suelen decirnos que, además de su cultura, encima lo hacen mejor. Al desaparecido de la actualidad Xabier Arzalluz le gustaba apostillarlo con un "y encima" lo hacemos mejor.

También es la postura que yo he llamado el independentismo inteligente. La que tenía el amigo Viladesau. El soberanismo que suele plantear Sala i Martí. Es ciertamente un planteamiento irreprochable y el único verdaderamente interesante. En mi opinión. Ah, el Madrid poderoso, antes soberbio e incompetente, hoy seguramente muy competente e igualmente soberbio. O suficiente, como un Alfonso Ussía cualquiera. Un reduccionismo como cualquier otro.

martes, febrero 27, 2007

Nuevos papeles amarillos (I)


Del Discurso Preliminar de la Constitución de 1812, no se pierdan ni las ideas ni el lenguaje:

"Los españoles fueron en tiempos de los godos una nación libre é independiente, formando un mismo y único imperio; los españoles después de la restauración, aunque también fueron libres, estuvieron divididos en diferentes estados, en que fueron más o menos independientes, según las circunstancias en que se hallaron al constituirse reynos separados; los españoles nuevamente reunidos baxo de una misma Monarquía, todavía fueron libres por algún tiempo; pero la reunión de Aragón y Castilla fue seguida muy en breve por la pérdida de libertad, y el yugo se fue agravando de tal modo, que últimamente habíamos perdido, doloroso es decirlo, hasta la idea de nuestra dignidad, si se exceptúan las felices provincias vascongadas y el reyno de Navarra, que presentando a cada caso en sus venerables fueros una terrible protesta y reclamación contra las usurpaciones del Gobierno, y una reconvencion irresistible al resto de la España por su deshonroso sufrimiento, excitaba de contínuo los temores de la corte, que acaso se hubiera arrojado á tranquilizarlos con el mortal golpe que amagó a su libertad más de una vez en los ultimos años del anterior reynado. Ahora bien, Señor, en todas estas épocas se hicieron leyes, que se llaman por los juriconsultos fundamentales. Ellas forman nuestra actual Constitución y nuestros códigos; ¿cómo es posible que ordenadas y aproximadas, de cualquier modo que se quiera, puedan ofrecer a la Nación las breves, claras y sencillas tablas de la ley politica de una Monarquía moderada? No, Señor, la Comisión ni lo esperaba, ni cree que este sea el juicio de ningún español sensato. Convencida por tanto del objeto de su grave encargo, de la opinión general de la Nación, del interés común de los pueblos, procuró penetrarse profundamente, no del tenor de las citadas leyes, sino de su índole y espíritu; no de las que últimamente habían igualado á casi todas las provincias en el yugo y la degradación, sino de las que todavía quedaban vivas en algunas de ellas, y las que habían protegido en todas, en tiempos mas felices, la religion, la libertad, la felicidad y el bien estar de los españoles; y extrayendo por decirlo así de su doctrina los principios inmutables de la sana política, ordenó su proyecto, nacional y antiguo en la substancia, nuevo solamente en el orden y método de disposición"


Mapuche: estos eran unos optimistas, ¿no le parece?. ¿O unos ilusos?. ¿Qué parte (no) ha leído Rajoy? Vemos que la historia da para que todo el mundo encuentre a qué agarrarse... Ciertamente nos ayuda a entender la capacidad de las disputas para prolongarse en el tiempo. ¿De las disputas o del lenguaje que empleo para las disputas de hoy, siempre en busca de un tú primero? La Historia es una trampa magnífica para ignorar los deseos de los vivos. Y para deformarlos y justificarlos, pero allá cada uno con su personalidad.

domingo, febrero 25, 2007

Ya está


Hemos ganado. Muchos dirán que no, pero yo digo que sí. Dirán que sólo falta que se lo diga a ETA, pero la guerra ha terminado. Y es que yo creo que la democracia ha ganado cuando a los que llamamos violentos y encubridores del crimen dicen (y lo dicen de verdad) que defenderán sus ideas sin disparar. El error, y de ahí la torpeza de análisis de la derecha (bueno, y de la izquierda en general, porque se han limitado al seguidismo de la reclamación tribal) española, es pensar que ganar es que se renuncie a la independencia u otras formas de estructurar el estado. Ahora veremos si años de no aceptar, comprender, el fenómeno de rechazo a España, o lo español, o al estado, han dejado completamente limpio de ideas al patio para hacer lo mismo que dice Otegi: seducir.

Es un resumen tomado de La Vanguardia que publica el mundo en su version online:

El portavoz de la izquierda abertzale Arnaldo Otegi asegura en una entrevista que publica 'La Vanguardia' que "el Estado español no tiene que pagar un precio político a ETA ni a nosotros" y que "la independencia sólo se puede construir desde vías pacíficas y democráticas".

En la entrevista el líder de la ilegalizada Batasuna se muestra convencido de que, "si nos situamos en la ecuación 'el fin de la violencia comporta que hay que pagarle un precio político a ETA', no habría solución. Eso equivale a plantear la rendición del Estado. Con esa ecuación, no hay solución".

En esta línea, aboga por "cambiar un tablero de confrontación por un tablero de seducción" y propone "un marco de autonomía para cuatro territorios que construir desde la suma de voluntades democráticas por parte de la comunidad foral navarra y la comunidad autónoma de Vascongadas".

"Este marco debe regular también evidentemente el derecho a decidir libre y democráticamente", subraya Otegi, en una entrevista realizada en San Sebastián.

Otegi sostiene que "dentro de un marco democrático donde tengan cabida todos los proyectos, la independencia sólo se puede construir desde las vías pacíficas y democráticas. No se puede construir de otra manera. ¿Por qué? Porque el proyecto independentista necesita la adhesión de la mayoría".

El portavoz de la izquierda abertzale insiste en que "queremos seducir democráticamente a la ciudadanía. Entendemos como legítimo que el resto de formaciones políticas intente seducir con la autonomía, la federación o lo que fuere. Al final la ciudadanía decide. Y ése es el marco que nosotros entendemos que resuelve el conflicto. Eso resuelve el conflicto político y el conflicto en términos de violencia armada".


¿Me colgarán por esto? Si esto es lo que ETA también dice, el gobierno debe negociar los aspectos penales y judiciales pendientes. Si este es el nuevo escenario político, no queda más remedio que abrir el melón de hablar sobre cosas de las que no se ha querido hablar con la pistola en la nuca. Hacer eso requerirá su tacto y liderazgo, cosas de las que no va sobradas José Luis. Pero tampoco Mariano. Justo al revés que Otegi. Y Josu Jon. Señores, hagan sus apuestas, la democracia se pone en marcha, comienza el partido por el disputado voto del señor Cayo.



P.D.: yo ya saben en que insisto en mi tema. Ahora que parece que no va a haber pim, pam, pum, comienza la partida para ver el verdadero rostro de los demócratas: ¿qué se hace en una democracia frente a una petición de secesión pacíficamente expresada? Añadamos: ¿qué grado de resistencia tiene el mito nacionalista a la voluntad contraria al mito de parte de sus integrantes? Al final, gente votando y decidiendo su futuro. Qué simple. Qué jodido, tener que convencer con lo de ahora y no con las leyendas, incluída la nostalgia de 1812. En realidad, la Pepa nunca tuvo una vida ni saludable ni extensa.

sábado, febrero 24, 2007

Fair play, Espada en mano



Estoy convencido de que invocar el fair-play no es más que una argucia de Berlin Smith Chimp para que el título le quede bonito. Pero es que el Sr. Espada produce hoy un texto invertido sobre las tribulaciones de Smith Chimp con Mapuche, Albert. Quizá sólo un hálito de ello, pero pareciérame que si no es verdad está bien contado y da pie. A lo que sea.

Digamos que el Sr. Espada, Arcadio en su juventud, tiene el día amargo y hace crónica antropológica pesimista. Esto es un tropiezo para Smith Chimp, que suele contarle a Albert Mapuche Chimp que Arcadio le resulta grato, asunto en el cual no se da la contrapartida. Espada, Arcadio, sale pesimista y eso chafa el optimismo de Smith, Berlin. Curiosamente sin que el tino del periodista traidor me parezca falto de puntería, más bien lo contrario. Uno es coherente, sigue pensando que no es para rasgarse las vestiduras.

Todo a cuenta de esto y todo lo demás, que está en las tripas de El Mundo, a cuyas páginas no sé si les dejan entrar (pero yo, lo intento):
Yo creo que quienes lo han resumido mejor ha sido la gente de Dolce & Gabanna, Doménico y Stefano, a los que han obligado a retirar un anuncio de hombres y mujeres ¡«por incitar a la violencia machista»! Lo habrías oído de no estar siempre entre tus paseos herméticos por los olivos. «España se ha quedado un poco atrás».Lo dicen suavemente, para no perder cuota de mercado, pero el diagnóstico es preciso. España no ha dejado de ser un país de curatos; sólo que ahora se ha añadido a ellos este centón de ursulinas que gobiernan. Y si el Tribunal Constitucional se mete en la cama y en la vida de los profesores de Religión, a ver qué pillan, nuestras izquierdas no le van a la zaga: prohíben las mujeres, la comida y el vino, que era lo único que hacía soportable el ser español. Y no lo creerás: en España han prohibido al mismísimo butanito, por decir lo único que ha dicho siempre, es decir, pablo, pablito, pablete, fuese a don Pablo Porta o al teniente coronel. Butanito prohibido, Dragó obligado por los madrileños a ponerse orejas de burro (me habría gustado ver lo que decían los madrileños si el sucedido se hubiese dado en TV3) y un Gobierno, el catalán, of course, legislando sobre la brujería, es decir, sobre las llamadas medicinas alternativas, a las que reconoce una profunda carga de espiritualidad. España se ha quedado un poco atrás, en efecto. Este país vivió un momento muy decorativo en la Transición política. Contra todo pronóstico, fue capaz de dotarse de un sistema democrático, con poca zarzuela y poca sangre. Ese tipo de sorpresas españolas, tan parecido al de la Constitución de 1812. También entonces este país brindó al mundo la palabra liberal, quién lo diría. Pero, ahora como entonces, se plantea una pregunta. Entonces era, y salió bola negra, si España sería capaz de consolidarse como un Estado moderno. Ahora la pregunta, ya lacerante, es si España será capaz de convertirse en un Estado postnacional.

Tengo muy pocas esperanzas.
La esperanza, dícese, es lo último en perderse. La propensión del carpetovetónico a la nostalgia es singular, nostalgia de la historia que presuntamente termina mal (siempre mal), nostalgia de arcadias (qué bien me viene para parecer brillante) de países medievales, barrocos, que nunca fueron románticos sino en su fracaso: todos regodeados en una derrota que no me parece verdad. Sólo me parece verdad que la realidad es insatisfactoria por definición. Por ponerlo crudo: aún no he visitado un país sin catetos. Una soberbia muestra de orgullo: ya presumo de no ser cateto, qué les parece.

La diversión parece garantizada con este nuevo juguete si Mapuche encontrara líneas arcadianas en las que reconocerse, aunque sea en parte. Arcadi Espada Chimp ¿se esfuerza por librarse de su código genético lancero?

viernes, febrero 23, 2007

Monos con lanzas (chimpancés como hombres)



Aturdido como estoy con mi ruidosa vida laboral, las pestañas dan por levantarse únicamente por cosas verdaderamente insólitas: la llamada de los simios armados. Los científicos no se sorprenden porque los animalitos empleen una clase de herramientas, después de todo esto parece ser frecuente en el reino animal (así se llamaba a estas cosas en mi infancia: el reino animal). Más aturdidos están por el hecho de que sea una sofisticada manera de cazar. Nada dice la nota sobre si entre las opciones cazadoras de estos chimpancés (sí, son chimpancés, nada menos que un 98% de ADN compartido conmigo y mis vecinos) se encuentra la de espantar, herir o acuchillar hasta la muerte a otros chimpancés que pueden tener la manía de querer comerse lo que el chimpancé primero tiene como coto privado de caza.

La reacción que me parece más usual es decirse eso de lo cercano que está el mono al hombre. Más bien a uno le da por pensar que hay muchos hombres muy cercanos al mono. Mapuche es quien tiene los secretos: nos podrá decir. ¿Cabe la nostalgia anticipada por un mundo sin chimpancés? A Che Guevara, su superior y sus secuaces, les gustaba anticipar la presencia del hombre nuevo, ese experimento del que no se sabe si se espera todavía algo allá, bajo las palmeras. ¿El hombre nuevo es el que deja atrás al chimpancé? Todo depende de qué Biblia leas. La cuestión es si la ciencia ha terminado por acotar la ciencia política al marco que realmente puede abarcar: las limitaciones de ser un noventa y ocho de cada cien (por cierto, qué español resulta esto) monos. Me refiero a esos pequeños espirales en forma de equis e íes, no a una muestra de individuos. Que también.

Todos monos, todos imperfectos, todos mozos lanceros: difícil alcanzar el paraíso. Sistemas para manejar con un grado razonable de desacierto semejante animalidad, es a lo único a lo que se puede aspirar aunque no lo crea la ministra Salgado. Tengo, pues, un segundo apellido, Berlin Smith Chimp.

Con ustedes, todo un simio.

viernes, febrero 16, 2007

Populista (segunda parte)


Se confirma la previsión del diccionario mágico:
«Denme un pretexto», dijo, «estoy todavía haciendo un esfuerzo de paciencia. He mandado mensajes a productores, intermediarios, mataderos, frigoríficos y abastos, pero si siguen empeñados en violar los intereses del pueblo [...] les voy a quitar frigoríficos, abastos, supermercados, y los voy a nacionalizar, así que prepárense», advirtió.
Los va a arruinar. Ya lo sabíamos. Pero la culpa será de otros, especialmente de los norteamericanos, el imperialismo y el malvado capitalismo que es más feliz con pobres que no consuman que consumidores que les llenen los bolsillos y que, como todo el mundo sabe, tiene una encarnación física en lo más profundo de la tierra, envuelto en llamas, cornudo, con rabo y un tridente amenazador.



P.D.: Más ardiente que el fondo en el que se esconde el capitalismo malvado está la conversación previa. No me digan que en este blog de tres o cuatro no he conseguido hacerme paradigma de la web 2.0. Son pocos los que leen, pero conversan. Tengo la suerte de que son inteligentes. Va por ustedes. Luego, creo que a la noche, daré mis matices a las cosas que me dicen.

sábado, febrero 10, 2007

Porque viene a cuento...

Pues reproduzco el artículo de Kamen de El Mundo de hoy y seguimos comentando donde ayer:

El 'ser español' y la difícil convivencia social
HENRY KAMEN

Qué es ser español? ¿Entienden los españoles realmente quiénes son? Cuando uno de los jóvenes que se pelearon recientemente con otros chavales latinoamericanos, provocando importantes disturbios en la localidad madrileña de Alcorcón, fue criticado por su conducta, respondió: «Esto no es racismo, es ser español y defender lo nuestro». Sería difícil encontrar defectos en su argumento. En cualquier país del mundo, patriotismo significa proteger la forma de vida autóctona contra los extranjeros. Este mismo principio lo manifiesta un escritor de derechas de hoy cuando dice que «es más importante ser español que europeo».

Desafortunadamente, la experiencia nos enseña que muchos de los que insisten en la importancia de «ser español» están usando la palabra «español» de una manera que es, a la vez, conflictiva y exclusiva. Para ellos, un español vive en una tierra imaginaria e ideal que no sólo excluye a la mayor parte de la raza humana, sino también a secciones de la población de la España histórica (en su momento, por ejemplo, judíos y musulmanes). Prefieren olvidar el hecho de que este país siempre ha tenido problemas en cuanto a su propio carácter, y que muchas naciones no son realidades permanentes, sino que han de luchar constantemente para conservar sus identidades.

Este hecho, allá en 1640, lo expresaba un perceptivo Baltasar Gracián, cuando observaba (refiriéndose sobre todo al imperio) que «en la Monarquía de España, donde las provincias son muchas, las naciones diferentes, las lenguas varias, las inclinaciones opuestas, los climas encontrados, es menester gran capacidad para conservar, asi mucha para unir». En otras palabras, es difícil alcanzar y mantener una identidad firme. En el siglo XXI eso se ha hace aún más difícil, y aquellos que insisten en el concepto de «ser español» tendrán que aceptar la realidad de que serlo no es una realidad fija, que las condiciones sociales ya han cambiado lo que representa, y que habrá todavía más cambios en el futuro.

Este problema identitario ya es agudo en el Reino Unido, donde el concepto de «ser británico» o incluso el de «ser inglés» no es hoy lo que era hace 100 años. Un escritor reciente se lamentaba en The Times de que «la nación flota en busca de una definición donde agarrarse, ahora que todas las viejas características nacionales se han extinguido». Y, ciertamente, es verdad que «ser inglés» ha cambiado tan radicalmente que necesitamos mirar antiguos programas de televisión para visualizar la Inglaterra que una vez conocimos y creíamos que nunca cambiaría. Aquel país de tranquilos pueblos, de conversión educada con un acento inconfundible, de la iglesia de los domingos, del té con bollos de la tarde y de botes navegando por el río en tardes soleadas ha desparecido para siempre. En su lugar, la segunda mitad del siglo XX trajo cambios intensos y profundos: la secularización, la urbanización, la inmigración y, finalmente, el multiculturalismo, hizo volar el viejo sueño inglés y nos dirigió hacia un mundo que todavía no somos capaces de definir.

En los últimos meses, han aparecido dos o tres libros (más recientemente, The English National Character, de Peter Mandler) que intentan examinar lo que ha ocurrido. El debate sobre la esencia británica ha llegado hasta el Parlamento, mientras los políticos intentan sugerir soluciones a la pérdida de identidad. El hecho es que el Reino Unido ha cambiado de manera tan fundamental que sus ciudadanos ya no saben si son británicos o qué son, y la nación -piensan muchos- ya no tiene una identidad clara.

En circunstancias normales, los británicos aceptarían la situación y permitirían que se desarrollara la evolución lentamente. Sin embargo, como un reseñador del libro de Mandler apunta: «Su libro nos habla menos del carácter inglés que sobre pasadas autodefiniciones de identidad. Nos hace falta una nueva. Sin identidad, no puede haber lealtad. Y, sin algún reconocimiento de lealtad e identidad común, tenemos una sociedad en la que personas nacidas y criadas aquí pueden llegar a ser terroristas suicidas».

Los británicos siempre estuvieron orgullosos de su capacidad para enfrentarse a Hitler en la Segunda Guerrra Mundial, al igual que lo habían hecho anteriormente contra Napoleón y, aún yendo más lejos, contra la Armada Invencible de Felipe II. La necesidad de autodefensa ayudaba a generar patriotismo e identidad. La supervivencia de Gran Bretaña reforzaba el orgullo nacional, porque demostraba que todas las clases sociales eran capaces de unirse en contra de las amenazas dirigidas contra su seguridad y su cultura. La supervivencia también daba más confianza, y ayudaba a fortalecer muchos mitos sociales, aunque éstos no eran en general conflictivos y con el tiempo se resolvían por sí mismos. Las distinciones de clases, por ejemplo, empezaron a erosionarse, y se puso rápido remedio a la exclusión de las mujeres de la vida pública. Del mismo modo, los británicos lograron absorber las muy difíciles décadas de la inmigración extranjera en el siglo XX, y fueron capaces de aceptar con considerable tolerancia una nueva sociedad en la que caras de color moreno y negro ocupaban un significativo lugar al lado de las blancas.

Sin embargo, ¿aceptaban todas aquellas nuevas caras formar parte de la cultura nacional británica? ¿O, por el contrario, nunca se integraron en la nación y su cultura? ¿Y qué decir acerca de irlandeses y escoceses? ¿Estaban contentos con el estado de cosas? Comentaristas recientes parecen sugerir que los escoceses (que siempre han sentido que ellos eran más británicos que los ingleses) están consiguiendo la suficiente seguridad en sí mismos como para ya no necesitar identificarse con sus vecinos del sur. En absoluto son antiingleses, pero empiezan a apreciar que Escocia tiene su carácter distintivo. La consecuencia de los acontecimientos del último medio siglo, entonces, es que ya no estamos seguros de lo que significa ser británico. Efectivamente, la definición del ser británico ha tenido que cambiarse para hacer posible la cohesión social.

¿Ha sido ése un desarrollo poco saludable? No necesariamente. De hecho, como Mandler enfatiza, «ser inglés», lejos de ser un juego identificable de atributos, ha sido siempre una variable e inconsistente noción, modificándose para venir bien con las necesidades del momento. En cada siglo y generación, hubo distintas maneras de definir las características nacionales. Lo que no ha cambiado, por supuesto, es la necesidad básica de la lealtad de los individuos y grupos multiculturales. Es la razón por la que, esta semana, el líder del partido Conservador, David Cameron, ha sugerido que debería crearse una nueva fiesta nacional para ayudar a que las nuevas comunidades se identifiquen directamente con la sociedad en la que viven.

La voluntad de un pueblo tan tradicional como el británico de reconsiderar los atributos básicos de una identidad nacional debería dar cierto ánimo a los españoles, que nunca han disfrutado nada remotamente parecido a una identidad nacional. Es significativo que cuando algunos protagonistas del «ser español» intentan definirlo usan definiciones que evitan afrontar la compleja realidad de la Historia peninsular y buscan refugio en antiguos mitos o en una ideología política de la década de los 30 del siglo pasado. El resultado es que su punto de vista de «ser español» acaba siendo históricamente falso, demagógico e incluso racista. Sin embargo, al menos ellos han intentado, como Ramiro de Maeztu, definir identidad nacional.

¿Qué podemos decir sobre el fracaso de otros para crear una visión alternativa de España? Es sorprendente que los liberales estén de acuerdo con la identidad de España pero jamás hayan hecho -que yo sepa- ningún intento para definirla. Como saben los sociólogos, la identidad no es algo que existe, siempre necesita que se la construya y defina.

El fracaso para definirla adecuadamente puede ser un serio defecto. Como consecuencia, no será sorpresa alguna si generaciones futuras de ciudadanos de España, que tienen sus orígenes en otras religiones y otras culturas, no logran desarrollar ninguna lealtad hacia el país en el que han crecido. Cuando esto suceda, España no sólo tendrá el problema de ETA, tendrá muchos problemas, y muchas crisis de lealtad del tipo de las que los británicos están ahora intentando ocuparse.

miércoles, febrero 07, 2007

Una vieja nueva idea


La sensación de tedio me la ha quitado Otegi. Hablar de ingeniería política es algo que a Berlin Smith le pone ciertamente cachondo: viene en la urgencia de las ediciones digitales casi ensombrecida por la muerte (¿es un suicidio cuando piden respeto?) de una familiar de los reyes. Pero se hablará más: la Gran Euskal Herria descafeinada como final del pim, pam, pum. Anoto las sensaciones rápidas:
  • Esto es algo viejo. Arzallus lo dijo una vez: lo tienen muy sencillo (se refería a los españoles): para evitar la independencia de Euskadi basta con incorporar Navarra - o al revés - para que haya mayoría electoral llamémosle españolista. La condición de Otegi es que esa unidad tenga capacidad para plantear la independencia y que lo voten los navarros.

  • Oiga Berlin, usted que cree en la imaginación en la política y en el repudio a las condenas de la tradición, ¿lo ve viable? Pues no, no lo veo. Pero no porque me repugne el escenario político resultante, ciertamente con tendencia a la estabilidad, sino porque no es viable: de nuevo, se impone una condición política para renunciar a la violencia previa a cualquier otra cosa. Es estupendo porque saben que el PP dirá que no y será el malo, porque, aparentemente, suena a música celestial. Es casi legal (los navarros están facultados para incorporarse a la CAV), pero obliga a modificar la Constitución de 1978: precio político.

  • Pero sea práctico, Berlin: si los españoles van a tener lo suyo y es que habrá mayoría de "españoles" que impedirían ejercer el derecho de autoderminación en el sentido que quieren los "vascos" y estos están contentos porque lo tienen, coño ¿no merece la pena dejar correr la vida y la historia, tragarse lo que haya que tragarse, vivir en paz y que el tiempo consiga hasta que todo el mundo se olvide de lo trascendente que es ser vasco para vivir? No lo creo: de nuevo, hay trampa: no hay una proclamación que diga "este es mi programa político con el que pretendo convencer a los navarros y a los españoles para que cambien su Constitución, lo haré haga lo que haga ETA que no me representa y aunque no sume los votos suficientes: renuncio a conseguirlo por la fuerza de las armas". Es decir, esto ni siquiera es el Partido Quebeçois.

  • En cierta manera, creo que al PP le faltará cintura para verlo, los Otegis caen en su propia trampa: si usted renuncia de antemano a la independencia, ¿puede decirme por qué no condena la violencia, se presenta a las elecciones (será usted legal renunciando a la violencia, fíjense) e intenta formar mayoría en Navarra para hacer ese referéndum? Será cosa del PSOE decir si está a favor y/o en contra y ver qué opinan los navarros del asunto, incluso los demás españoles, pero esto sí es democracia y no lo que suele decir Otegi que es.

  • Y otra contradicción: ¿aceptaría usted una pregunta de un referéndum en Navarra que condicionara la adhesión a la CAV en la que se conserven los derechos históricos y Navarra pueda revertir su decisión o deba pronunciarse por separado en caso de secesión de otros territorios históricos?

  • Más aún: si en Navarra saliera que no, ¿bastaría ya? Si ustedes creen que su patria unida incluye Navarra y los navarros no opinan eso ¿sigue existiendo esa patria o resulta que la realidad nos devuelve una de sus putadas para el orden preconcebido? ¿Significaría que aceptaría concederles a los alaveses esa posibilidad? ¿Significaría que aceptaría una patria independiente formada por Guipúzcoa y Vizcaya? Si eso no se parece al mito, ¿tiene sentido el mito? El PP tiene madera, mucha madera para presentarse como constructivo: veremos como no caen en las garras de la lógica, no vaya a ser que la lógica deba aplicarse a Cataluña y a Gibraltar y tengamos una España de libre adhesión tal y como está ahora desde un punto de vista geográfico y casi igual desde el punto de vista político. Al menos en lo que se refiere a la vida cotidiana.

  • ¿Que nos dice de lo de Francia, Berlin? Una parida para consumo de acólitos

  • ¿Hay algo bueno? Sí, que puede que Otegi esté a punto de ser verdaderamente Gerry Adams si le echa las narices de decir no al asesinato, el chantaje y el secuestro como medio de presión y financiación, porque esta declaración sí es hacer política.

  • ¿Y si dicen que no hay que disparar y se legalizan? Entonces ya no hay limitación de debate que valga. Se puede hablar de todo, hasta de secesión. Pero deben aceptar que pueden perder.

  • ¿Pero no cree que antes hay tiempos y cosas que hacer y respetar? Sí, creo que hay tiempos que respetar y que solucionar los conflictos con la justicia de unos cuantos señores que están en la cárcel y eso no es baladí. Precisamente para que lo que rija es el derecho y el mismo principio (aunque diera resultados romos, no han sido tan malos si pensamos que, con todo, ha funcionado razonablemente bien) como el "de la ley a la ley" del binomio Juan Carlos de Borbón - Torcuato Fernández Miranda.
Al final, como se puede comprobar, la realidad es que José Luis se había metido en una negociación política sin generar el consenso suficiente con su oposición. Y es que, si ETA no inicia un proceso como el de los poli-milis, entonces se dialoga de política y la única política posible de diálogo en el País Vasco que no permiten las leyes y que no esté conseguida ya (se puede hacer referendum en Navarra y el Estatuto es, verdaderamente, una restauración foral puesta al día) es el famoso e incorrecto "derecho de autodeterminación", un mecanismo jurídicamente inapropiado pero que vale para entendernos.

Es decir, José Luis ha mentido y ha conducido mal el proceso. No está mal la política que quiere negociar, lo que está mal es que no haya sumado apoyos y que anteponga una mesa política que sólo tiene un significado posible, a la renuncia previa a la violencia. Se lo dijo Imaz, que ese sí tiene talla. Es usted un ingenuo Smith, ETA/Batasuna se quedan sin fuerza para negociar, no se quitarían su mejor baza. Claro, de eso se trata, de que hagan política. En eso consiste derrotar a ETA: que su mundo acepte que el asesinato, el chantaje, el secuestro y el robo son incompatibles antes de hablar. Que no se equivoque el PP: esa y no otra es la victoria sobre el terrorismo, eso les permitiría decir que el diálogo gana y no lo que quieren pasar por diálogo.

También les falta cintura al oscuro mundo de la paliza y la txozna: alguna forma de "autodeterminación" es imposible de parar, electoralmente hablando, en ausencia de violencia. Ni el Estado, ni el PP ni la ciudadanía española podría ignorar eternamente una propuesta pacífica para discutir sobre la secesión de un territorio. No la ha ignorado la canadiense, no la están ignorando los británicos en lo que se refiere a Escocia. Al tiempo.



P.D.: ¿Y uno que piensa que Otegi, que es un político, piensa como un político y es como un chistecito de Quino en el que un tipo subido en un púlpito tiene un globo en su boca en el que se dibujan unas líneas curvas, quien les escucha piensa en líneas con puntas y él, en realidad, piensa en líneas entrecortadas? ¿Porque nos está engañando? No, porque él sabe que la independencia por sí misma es una estupidez, cansina y anacrónica y le basta con el poder suficiente para decidir lo que quiera ¿frente a Madrid? No, frente a Bruselas. Pero hay que colárselo a los míos, que están sujetos a la religión de las palabras. No son los únicos.





martes, enero 30, 2007

Urbanicidio


Los spin doctors de la propaganda, pretendido sector por el progreso y frecuente Calimero en contra de la telebasura que seguramente gozan en la intimidad de sus hogares, han encontrado su nuevo dóberman.

(Proclamada la sentencia con toda pompa y circunstancia uno se pregunta si los chamanes de sesgo contrario, pretendidos paladines de la cruz de Calatrava y la Pepa sin caenas, caerán en las garras de la lógica y se obstinarán en encontrar su peculiar dóberman que oponer o, sumidos en la espesa niebla de la confusión que habita en la ausencia de análisis digno de tal nombre, se dedicaran a decir mamá pupa y eso no vale. Aparecerán videos terribles en you tube, El País pondrá en marcha a toda máquina diez mil casos de concejales chungos, chungos... mientras todo el mundo se olvida de José Luis)

(Dóberman, urbanicidio... deberían saber que el éxito se basa en la brillantez de la imagen no en si es verdad o mentira)





lunes, enero 29, 2007

La paz insustancial



Es propio del ánimo del ser humano y de mi legítima soberbia arrimar el ascua a la sardina esgrimida cuando del entorno proviene un espaldarazo. La heroica medalla de la paz de Franco que pudieron contemplar en esta casa sirvió para un animado debate en el que algún lector pro paz joseluística se sintió herido ante esta horda fascista que represento. Más serenos pudimos acordar que la palabra paz significa más de una cosa, y no buenas necesariamente. Sobre si seguir o no seguir con la paz sin signos evidentes de saber lo que quiere decir el residente en la Ciudad Universitaria, es harina de otro costal.

Hay más lecturas y visiones respetables que sin insultar a nadie parecen compartir sardina. Que no se diga. Quienes (nos) repiten todo el día paz y diálogo, debieran saber que a base de repetir un fonema el pensamiento se estanca y separa el sonido del significado para quedarse con el mantra: la mente queda quieta y es muy relajante, pero hay que ser consciente de que eso se hace para relajarse y no para razonar. Así, Raúl Guerra Garrido (gracias, Pilar Pato, de Foro Liberal), entrevistado en La Razón, tiene memoria suficiente para acordarse (esto es síntoma de hacerse viejo: me pasa a mí, que puedo recordar la amnistía del 77):
A mí me dicen: es que te opones a la paz. Sí, radicalmente. Hace años celebramos los 25 años de paz, lo que no querría era morirme celebrando los 75 .
¿Alguien se sometió ayer a la experiencia del fin del periodismo que es contemplar los telediarios de la televisión? Al menos su función como altavoces de propaganda pervive, José Luis los emplea cada domingo para decirnos que él es muy bien intencionado. Queda muy bien apuntarse a medallas a toro pasado, así que diré que me arrimo a la sardina de Jesús Cacho para no decir que es él el que se arrima a la mía:
Ayer, y en Albacete, el presidente volvió a recitar su habitual letanía pacifista, reafirmando su empeño en “trabajar por el fin de la violencia (...) porque es mi deber, mi principal afán como presidente (...) Voy a seguir trabajando por el fin de la violencia, por ver la paz en España, y lo voy a hacer en paz: no voy a confrontar ni con Aznar ni con Rajoy, porque toda mi energía es para la democracia, para derrotar a la violencia y para que alcancemos la paz; es lo que merece el pueblo español, es lo que merece la democracia”.

La verdad es que escuchando a Zapatero uno no sabe si reírse de la fluidez de su sintaxis en castellano o llorar por la riqueza de las ideas que atesora en el magín. Reírse o llorar y no parar
Como uno piensa que el corte que dan los telediarios está perfectamente estudiado por el Partido, que avisan al héroe de cuando están las teles para que mande el mensajito a la población desvalida, cabe pensar que lo dice en serio y no es producto de las malas artes de la baba amarilla (los que vamos cumpliendo años, podemos recordar a Eduardo Sotillos, portaCoz de Felipe González describiendo así a algunos medios: entonces Losantos no existía; es lindo comprobar que hay cosas que no cambian).

Uséase, que es verdad, que no dice nada, que ha logrado a base de repetir las palabras mágicas vaciarlas de significado, un mantra para buscar la iluminación (que no es otra cosa que el vacío si hacen caso a los budistas): una redactora de CNN plus, antes medio afin, advirtió tras el video que el presidente no aclaró en qué consistía la paz. Una posibilidad es que él tampoco lo sepa.


P.D.: por aquello de los significados, no está mal recordar a los romanos: si vis pacem para bellum. Que hay quien dice que es propia y latinamente belicista, pero que se parece mucho a la doctrina de la disuasión por la que no nos cayó ninguna bomba atómica en cincuenta años. ¿Acertado? ¿no acertado? La paz es algo más que una rama de olivo en la boca, y que me disculpe Picasso.




viernes, enero 26, 2007

Iba a decir... y me encuentro con un muerto y el olvido...


Iba a decirles cosas de Oriente. Por petición popular atrasada. Siendo correctos, hablar de Etiopía no es exactamente hablar de Oriente: es África, por supuesto, y bien África que es. Se lo juro, que yo lo he visto. Pero esas iglesias de Lalibela, ese mundo rural en el que apenas hay plástico pueden, si uno desea verlo así, transportarle a una especie de Jerusalén año cero. Hasta el cordero me supo como nunca antes y después me ha sabido un cordero. Y esto si tiene un aroma a Oriente.

Muerto ha Kapuscinkski, y tenía unas notas del único libro que tenía pendiente y que tengo en el purgatorio de los libros leídos: no subrayo, doblo las esquinas donde algo me sorprende y cuando decido sacar los libros de su purgatorio voy a la esquina y releo la página en busca de lo que sorprendió, por si lo hallo: casi siempre vuelvo a encontrar sorpresa. Tomo el teclado y me llevo las palabras al baul de mis recuerdos.

De El Emperador (Haile Selassie, por supuesto, también conocido como el Negus):
En realidad, un pueblo nunca se rebela porque lleve a sus espaldas un fardo muy pesado, nunca se rebela porque se le explote, pues no conoce la vida sin explotación, no sabe que tal vida existe, y ¿cómo se puede desear algo que no cabe en nuestra imaginación? Un pueblo sólo se rebela cuando alguien de repente intenta cargarle con otro fardo.
La prensa se llena de obituarios del polaco, recoge últimas y ultimísimas entrevistas, el amor por Herodoto, la bonhomía... es imposible no conmoverse con su trabajo, un algo inherente a su personaje. Es decir, te conmueves a su vez por el icono. Sensible, sensato, pausado, brillante. Su favorito de entre sus libros, dicen por ahí, Un día más con vida. Comprénselo, es apasionante, y me encanta saberlo porque también es el mío y me asombra que no sea una película: aunque sólo sea para que el libro, como casi siempre, te guste más.

Kapuscinkski se apuntaba a la creencia común de que en el mundo los ricos cada vez son más ricos y los pobres, más pobres. Me acordé de Norberg. Me acordé de Sala i Martí. Pensé en la dificultad que tenemos todos de reflexionar ante los datos y revisar nuestras convicciones por la realidad, siempre tan aguafiestas. Bah, pero muchas buenas personas creen de buena fe estas cosas y de buena fe quieren intervenir para traer justicia al mundo. Se puede decir de Berlin Smith que sería el mismo ingenuo creyendo de buena fe el razonamiento alternativo y de buena fe queriendo traer justicia al mundo: el capitalismo tiene como problema el que es muy poco estético, su iconografía es el señor Forbes montado en su Harley Davidson apabullando al mundo con lo millonario que es, o un remedo de Rockefeller con sombrero de copa y habano inalcanzable. Es el Sr. Scrooge. La utopía, el paraíso, por definición, son de estética hermosa.

¿No se ve o se olvidan prontamente las lecciones de la realidad? Si el socialismo real mostró y muestra cada día en esa sugerente isla del Caribe que proporciona los puros a los magnates que la supresión de la propiedad privada sólo conlleva disgustos, si hasta cierto progresismo Porto Alegre se fascina con Hernando de Soto y su enfoque al desarrollo por la vía de los títulos de propiedad, parece que la evocación del mundo justo y maravilloso nubla todo lo demás: gente como Madrazo, la mujer del tal Saura, los Montilla et al no me parecen faltos de coeficiente intelectual. Lo que en realidad les sucede es que entran en la categoría de tonto contemporáneo: que los hechos no contaminen nuestos sueños ni nuestras buenas intenciones.

Ser capitalista liberal, en realidad, es valorar efectivamente la justicia y la libertad. ¿Porque construye paraísos? No, porque el resultado es el mejor de los posibles en esos términos tan caros para los insuflados de buenas intenciones: equidad y, repito, justicia y libertad en sus más amplios términos. Pero claro, siempre dejará insatisfecho: el mundo, la vida, son agridulces. El mal olor convive con el buen olor y las rosas tienen espinas. Unas palabras de Norberg que les traduzco del inglés por mor de mi pedantería y por necesidad, no tengo la edición española de En Defensa del Capitalismo Global:
En lo que verdaderamente no creo, en primer lugar y por encima de todo, es en el capitalismo o en la globalización. No es en los sistemas o en los códigos reguladores que llevan a todo lo que tenemos alrededor en forma de prosperidad, innovación, comunidad y cultura. Esas cosas las crea la gente. En lo que verdaderamente creo es en la capacidad del hombre para hacer grandes cosas y en la fuerza combinada que resulta de nuestras interacciones e intercambios. Me declaro en favor de más libertad y de un mundo más abierto, no porque piense que un sistema es más eficiente que otro, sino porque estos aspectos proporcionan un entorno que libera la creatividad individual como ningún otro sistema puede hacer. Espolean el dinamismo que ha conducido a los avances humanos, económicos, científicos y técnicos. Creer en el capitalismo no significa creer en el crecimiento, la economía o la eficiencia. Con todo lo deseables que puedan ser, son sólo los resultados. En su esencia, creer en el capitalismo es creer en la condición humana.
Sólo unas páginas más allá, advierte:
Capitalismo significa que nadie está sometido a la coerción arbitraria de otros.
¿Cuántos fardos más puede soportar la gente a la que le saquean, arrebatan y destruyen sus propiedades impunemente al calor de una legislación que desprotege al propietario y estimula al ladrón a robar? ¿Es el canon al abandono o, en otras palabras, al castigo de aquél que no encuentra incentivo en hacer de su propiedad una fuente de riqueza, sólo un incremento del peso del fardo o un nuevo paquete a las espaldas? Si esto fuera suma cero, fardo que echas a uno, peso que le quitas a otro: por la buena intención de la equidad y la justicia provocamos una nueva inequidad y otra injusticia. Más libertad: se termina con la suma cero.



P.D.: tengo un librito de John Updike que relata un viaje a Etiopía. Aún está pendiente: me lo llevaré a Babia. Yo iba a mezclarlo todo con las mentiras que me cuenta mi memoria e iba a cumplir con Huevos. Pero es que no controlo mi destino.






domingo, enero 21, 2007

Días en que piensas que haces bien en pensar en liberal



La lectura de breves relatos como éste te dejan una sensación estomagante de cómo la intromisión de los gobiernos en la vida de las personas te dejan más convencido de que tienen demasiado poder, de que las cosas crearán nuevos problemas y más justificaciones para que sigan incrementando sueldos, edificios y funcionarios dedicados a administrar cosas que antes no hacía falta administrar porque se hacían solas. Si te descuidas, alguien nos sacará un ejemplo europeo y lo equiparará a la palabra "verdad":
"El borrador del proyecto de Ley de Vivienda considera inmueble desocupado «el que no ha sido utilizado por su dueño durante un año». Se excluyen las segundas residencias, las viviendas abandonadas temporalmente por razones laborales, de salud o para cuidar personas dependientes y quienes aleguen otras causas debidamente justificadas. La Ley obligará a los ayuntamientos a crear un registro con la declaración oficial de piso vacío. El lío va a ser importante porque tendrán esta declaración todos los pisos donde no figure persona alguna empadronada. Se considerarán también sospechosos los consumos «anormalmente bajos» de luz, agua y gas; que el propietario reciba correo en otro domicilio; que se comunique por Internet o por teléfono desde otros lugares; o que declare una dirección diferente a la del DNI o a la de otros trámites. Serán también válidos los testimonios del vecindario o de los inspectores oficiales. El Gobierno vasco, que tendrá que montar un cuerpo policial, prevé cobrar un canon diario de 9 euros en el primer año (12 euros en el segundo y 15 en el tercero), independientemente de si el ayuntamiento sube el el IBI. Los expertos consultados califican este proyecto de «incautación»."
Escucharemos palabras de propaganda diciéndonos que ayudan a los jovenes, a facilitar la vivienda digna y tantos grandes principios. Y resulta que el que tiene una casa vacía es tonto y pudiendo ganar dinero con ella no lo hace ¿Por qué será? ¿Una malvada conspiración del capital? Años ha que el que quiere alquilar pide seguridad jurídica. Una competencia del estado cuya incompetencia en prestar resuelve con nuevos mecanismos incompetentes. Se inventarán un cuerpo de inspectores de casas desocupadas que espiarán lo que gastas en agua. Frente a la reinvindicación del estilo de vida, no es de lo más cool pensar en Margaret Thatcher y en su sentido común de ama de casa. A lo mejor si me pongo trenzas sí resulta extravagante y, por tanto, merecedor de atención. En Babia, me convencí de que la idelogía sí importa aunque fuera una nebulosa gris, aunque se corra el riesgo de convertirse en religión (vade retro, satanás). Soy liberal. Es el nombre que mejor encaja en mis sensaciones.

(Al menos, mientras duren; y por simplificar. Que las etiquetas quitan la complejidad y, con ello, parte de la diversión)





viernes, enero 19, 2007

Welcome to Telefacha


En el buzón me he encontrado esto:

¿Se refiere a Libertad Digital TV, a Telemadrid...? Lo interesante de la cuestión es el siempre reiterado debate acerca de los excesos, mala educación, falta de rigor, hipérboles, libelos, ironía fina, grosera y la manipulación pura y dura que asola al género humano allá donde va. La cuestión es si las jaurías son patrimonio de alguien y no una desconcertante característica del homo sapiens. No, no soy tan pesimista para creer que Bahamonde tenía razón y esas cosas de la democracia y uno de sus valores añadidos, la libertad de expresión, no eran para el homo hispanicus.

Tengo en la libreta de notas apuntado que quiero explicarle algo a mi amigo Ricardo sobre las jaurías, los Losantos y hasta las Torres (Marujas). Creo que pronto lo haré, sosiego y unas tazas de Pai Mu Tan mediante.



Incisos desde Babia


Babia no es un lugar recóndito de la provincia de León donde uno se retira en busca del sosiego: la babia del blogger es su propia condición de amateur, una curva de elección entre renta y ocio en la que no cabe la posibilidad de elegir: la renta es lo primero. El laburo consume la espontaneidad, los gramos de creatividad propietarios de este juntaletras que tanto se asombra de que allí, tras los píxeles, hay alguien.

De León salió Luis Gómez para el mundo. Va y viene pero, por fin, Desde el Exilio ha regresado: Luis es un ser tierno de espíritu enorme. Cuando no habla de política, me enseña pintura desde la barra de un tugurio y yo me voy con su corazón de caballero andante.

Si de corazón hablamos, un niño de siete años, tocayo de Berlin Smith, muere en Salta, Argentina: "fuiste un ángel que no tuviste tiempo en la tierra porque el buen Dios te necesita en el cielo, pide a la divina madre, quien te llevo a su lado, sepamos aceptar tu partida; da paz a tus familiares y alivio al corazón de tus papis". Que me quede tiempo para dar sosiego al corazón de mis papis.

La distancia que se tiene desde Babia no deja de asombrarse ante una vida cotidiana que permite comprobar que las ideologías sí cuentan: este aserto propio de rescoldos marxistas o izquierdismo al café con leche de tarde anodina en selecto establecimiento de cualquier ciudad europea, adquiere toda su dimensión cada día en la ciudad de Barcelona. Mientras un señor vuelve a su casa, se encuentra la cerradura cambiada y unos desconocidos ocupantes se otorgan el derecho a vivir en ella, ni policía ni justicia con el título de propiedad en la mano son capaces de devolverle lo que es suyo.

Supuestamente abrumados por lo que se dice es un serio problema (el acceso a la vivienda digna: uno se alegra de que, en el fondo, los occidentales, en su propio éxito, consideren indigno todo lo que no sea casa con calefacción, agua caliente, plaza de garage y piscina), los señores elegidos para resolver estas cosas encuentran remedios de la mejor farmacopea: expropiar al que no alquila, multar (imponer una tasa, dirán) al que tenga la casa vacía o enriquecer el castellano y las otras lenguas cooficiales aportando el término kelifinder al acervo común. ¿Cómo se llamaba esta señora? Desde Babia no se la ve.

La pregunta ideológica que yo hago es si todo esto no es más sencillo si ese Estado benefactor, misericordioso y del bienestar que nos quiere dar vivienda digna dictara unas simples leyes y pusiera su monopolio de la violencia al servicio de quienes cumplen los contratos: si hay quien no te paga el alquiler o si hay quien sin previo aviso ni consentimiento se queda a dormir en tu casa no parece descabellado que mediando aviso pertinente en treinta días deba dejarte incólume y sin remedio, a poder ser sin Guardia Civil y si no hay más remedio con ella, el solar legítimamente obtenido. Se trata de dar apetito de arriendo al arrendador.

Oiga, Berlin, usted llamando a la Guardia Civil. Cuánto ha cambiado España, me digo yo. Fíjense que el valiente Zapatero no se ha atrevido a que deje de ser un cuerpo militar. Me refuerza la idea de que las ideologías sí cuentan, pero que los humanos, en el fondo, no tienen la más remota idea de cuál es la suya, la de su propia conducta.

Me sirvo un té y una tostada en el castillo de Babia. Anoto deudas con Mapuche (caro: no, no era provincianismo, ya me dejará que le explique, es que no le he podido poner atención, la merecida) y recuerdo que tengo que hablarles de Oriente, siempre al Oriente, y que es un pasivo más antiguo aún y...




viernes, enero 12, 2007

Lapsus

"...y pidió «lealtad», «buena fe», «saber estar» y «ser un caballero» para no utilizar políticamente sus palabras. "


Unas letras sueltas en los papeles, unas cortas líneas del diario pesadilla del socialismo realmente existente, el que hay, y que tiene la ambición de ser universal en su cabecera. Debe ser la competencia: unos dicen que son el paisito, otros el mundo entero. Sin duda, ganas de abarcarlo todo. Pero de quien hablamos es de nuestro Caballero de la Triste Figura, de rocín flaco, adarga del progreso y a la vera del compañero Rubalcaba a voces de son molinos.

Unos dicen que son dos, en otro sitio ya cuentan que son tres. ¿Churchill, De Gaulle o Adenauer tenían lapsus en los días malos? Estos son de derechas, puede que el ejemplo no sea completo. ¿Willy Brandt? ¿Miterrand, acaso? Siendo más mundanos, ¿tenía Felipe lapsus? Hasta hoy perdura la duda de quien fue mejor caballero, si Palmerín de Inglaterra o Amadís de Gaula.

Mala es la hora del Príncipe que implora que sus palabras no se empleen políticamante. Mal fario si el Príncipe tiene que explicar que un político habla muchas horas, ergo el que tiene boca se equivoca. Triste destino aguarda al Príncipe que no sabe que no puede equivocarse. Quizá ahora perciba los méritos de Bahamonde, que nunca decía nada y que no se metía en política: miren que le fue bien, treinta y tantos años y sólo un enigma: no hay mal que por bien no venga, al calor del cadaver de Luis Carrero Blanco. Vete a saber si fue un lapsus.

"Saber estar", dice. Impasible el ademán. Yo creo que le falta mucha mili.




miércoles, enero 10, 2007

Populista


Del diccionario mágico:

"Dícese de aquel dictador que aún no ha sido elegido democráticamente por la masa entusiasta o, si lo ha sido, aún no ha acaparado todo el poder y mantiene la rutina de los ciclos electorales"




P.D.: no ando con tiempo para tochos, así que me voy por el clásico "seré breve". No me queda mucho de El Ala Oeste que recorrer, así que puede que volvamos con unos Fantasmas de España de relator inglés, que da para nuevos tormentos.


lunes, enero 08, 2007

La acción bajo los focos (y, al fin, Leo McGarry)



Este tipo es lo mismo que Dick Cheney sin ser Dick Cheney. Si Dick Cheney es el cerebro intelectual de la presidencia Bush hijo (incluyendo las luces), Leo McGarry es el motor, promotor y, también, cerebro político y estratégico de la presidencia de Josiah Bartlet. Como esto es teatro, Bartlet tiene luces propias.

El cuento es como sigue: McGarry y Bartlet son dos viejos y entrañables amigos del ala más liberal, a la americana, del Partido Demócrata. Bartlet es Gobernador de ¿New Hampshire? ¿Massachussets? y McGarry un peso pesado del partido, antiguo ministro y, por supuesto dado el cariz de la serie, un señorito de profundos y honestos valores para la política. "One of us", que diría Sam Seaborn. Cierta mañana McGarry aparece en el despacho del que por entonces simplemente llama Jed y, tras un abrazo intenso pleno de regocijo, clava una servilleta de papel, recién salida de cualquier cafetería, en un caballete que porta un cartel irrelevante e insustancial: una astucia del escritor para poder hacer ver y dar la solemenidad de los hitos a una servilleta arrugada. Primer plano: a mano, está escrito en capital letters "Bartlet for America". El resto es historia, tan historia que el episodio sólo se conoce por un flashback en una de las conmemoraciones de la victoria de Bartlet: de amigo a amigo, el buen Jed regala a Leo un cuadrito pequeño. Dentro, la servilleta: Bartlet la ha conservado todo ese tiempo consigo mismo y ahora devuelve con ternura, e ilusión por ilusión, la misma servilleta to his old buddy, al escudero fiel.

Sólo una vez Leo McGarry llama a Bartlet por su nombre coloquial y abreviado, Jed, en toda la serie, incluso cuando visita la residencia privada del Presidente. Es un momento de cabreo, un momento de tensión en el que se mueve por instinto. La reacción de Bartlet viene a ser ¿cuánto hace que no me llamas Jed? La cuestión es que desde que es elegido, incluso para el compañero de fatigas, para ese viejo amigo que ha visto crecer a tus hijas, se ha convertido en Mr. President. Lo llamativo, quizá para mí, quizá para todos nosotros en este país que borró el usted como una forma de respeto al desconocido, es que el propio presidente acepta y no invita al amigo a cambiar el tratamiento. Vete a saber si en el silencio del despacho oval George jr. es George jr. y no Mr. President, pero me juego algo a que no nos van a dejar saberlo.

Sin teatro, sin ceremonia, sin reverencia, que son todas ellas palabras alternativas unas veces a temor, otras veces a respeto, el poder, la insititución no es nada. Que sería del papa y los cardenales sin esas túnicas y esos cirios, sin su latín; que sería de la Reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte sin esas carrozas, su corona y su entrada solemne en el Parlamento. El Mapuche nos advierte que todas estas cosas tienen que ver con el chimpancé que no nos abandona y que llevamos tatuado en la genética de lo imperfecto de lo humano. Vete a saber si sin imperfecciones seríamos humanos. Pero lo cierto es que tantos siglos de indagación en busca de una teoría del conocimiento que funcione y los pequeños seres a los que denominanos hombres (mujeres, también, pero ya saben que el lenguaje nació machista), seguimos teniendo las entendederas muy dependientes del vestuario y el atrezzo de las otras personas y las cosas: de ahí que alguien le solucionara a José Luis el problema de los trajes (no sé si se fijaron, el José Luis candidato no tenía una chaqueta en la que los botones le cuadraran). No eran, verdaderamente, de señorito, hasta que tras múltiples esfuerzos alguien debió llevarle al sastre. No era Felipe, según dice él, muy amigo de la imagen, pero es seguro que las chaquetas eran de buen paño.

Zapatero, a priori, y diría que en la práctica, tiene ventaja. Es alto y delgado, así que el smoking le sienta estupendamente: Felipe no podía evitar parecer un maitre d'hotel y Aznar una reencarnación, con su bufanda blanca, de Christopher Lee. Con la Familia Real, en cambio, nunca hay dudas. El chaqué siempre está impecable (ah, no, no es alquilado como el que se precisa para las recepciones diplomáticas para todo bicho viviente de la Administración), la reina y las infantas llevan el modelo preciso con la compostura precisa (nada de ir de estrellas de cine, que es lo que suelen entender las mujeres de los ministros y las ministras por traje de gala). Son cosas de siglos de entrenamiento, desde pequeñitos. Me contaba precisamente eso un buen conocedor de Antonio Banderas: Melannie - la Griffith - se siente como pez en el agua entre fotógrafos y tribuletes sabiendo siempre mantener la sonrisa y la cara de no haber roto un plato. Se supone que odiándolos por dentro. Es normal, ha crecido con ello. Antonio, en cambio, lo lleva mal, le descompone.

En los cursos de oratoria te advierten que el público se forma una opinión de ti desde el momento en que te ve. Es decir, que desde el instante en que apareces en escena y hasta que se te da la palabra, cada gesto tuyo, tu propia postura, son elementos críticos de la comunicación. Es decir, te enfrentas a la parte más difícil que debe saber hacer cualquier actor: escuchar. No, no se trata de prestar atención, sino de que el público piense que estás prestando atención a un diálogo que ya te sabes y en que ellos deben creer que te sorprendes, averiguas, reaccionas sin abrir la boca. Ayer en los vídeos de la Pascua militar (¿no es una contradicción en sí mismo la suma de ambos términos?) la cabeza de José Luis giraba de un lado para otro, arriba, abajo, a la izquierda y a la derecha, la mirada perdida en cualquier punto en una señal inconfundible de tedio. Ni un sólo plano, ya es mala suerte, permitía percibirle atento o solemne a las palabras del Rey. El Príncipe heredero (es decir, de Asturias), por el contrario, el entrenamiento militar hace mucho, permanecía firme y con la mirada al frente sin que por un segundo nadie pudiera decir que no escuchaba a su padre, a su jefe, al Capitán General del Ejército.

Recuerdo que en una de las resacas del 11-M estaba yo en Antena 3. A la hora del minuto de silencio establecido, fuimos poco menos que desalojados y empujados frente a la puerta del edificio en San Sebastián de los Reyes. Allá, en el centro de todos, se situó Mauricio Carlotti. Él y unos pocos, miraban la puerta de entrada del edificio. Los demás, le mirábamos a él. Por supuesto, sus americanas son del mejor corte y porte, pero ante todo mantuvo una dignidad absoluta propia del momento. Casi en posición de firmes, sin modificarla ni un momento durante el minuto o tiempo que fuera (más, seguro), ningún observador hubiera podido decir que no estuviera sintiendo u honrando la seriedad de la ocasión. Sentí en ese momento que se trataba de un hombre consciente de que le siguen los focos.

Muchos de los análisis de estos días coinciden en la supuesta ingenuidad, inexperiencia, iluminación y hasta falta de conocimiento del primer ministro (léan el de la Rahola: "Ser Bambi es placentero. Pero en las crisis, los cuentos de niños desaparecen"). Nada nuevo, todos lo repiten. Yo lo he dicho tantas veces que siento que parezca que les hago perder el tiempo con una nueva reiteración. En realidad, es una profundización. Nuestro Presidente del Gobierno no ha tenido ninguna clase de experiencia ejecutiva de Gobierno hasta que accidentalmente cayó en la silla. Él, un poco como Aznar, todo hay que decirlo, siempre creyó que ganaría basándose en su intuición personal. Todos los insiders relatan su fe en esas intuiciones y cómo cree que siempre ha acertado. Da que pensar que se trata de un iluso. Bueno, será lo que sea. Sostengo que el aprendiz ha pasado a senior porque el desengaño de tratar con ETA sin haber tenido en cuenta lo que los que la han tratado aprendieron de los tratos con ella, haberse tragado el anzuelo de la negociación en plan Mandela y en plan Gerry Adams (a todos nos pierde el brillo), cuando aquí se trata de cosas muy distintas, mueve siempre, aunque no se confiese al propio examen personal: ahora la experiencia de gobierno es real.

Si la sabe aprovechar o no, es otro asunto. Es probable, que la suma de "Pasqual, aprobaré...", los coches bomba y, si es un poco más perspicaz, la percepción de que le atrapa la misma araña que a Aznar en su relación con los incendios, los cayucos y su lejanía de las ruinas del parking, dé lugar a un cambio de conducta. Alguno. Raro sería, nadie es de piedra. Aunque sea un cambio equivocado. Pero lo cierto es que es en estos días en los que queda patente lo más grave de estos últimos tres años. No es la agenda política del Presidente, por muy radical que parezca, es la incompetencia en llevarla a la práctica no basada en su falta de intelecto (mucha gente piensa que carece de él, yo no lo creo) sino en la falta de conocimientos y experiencia para llevarla a cabo. De la patética imagen del primer consejo europeo al que asistió, su falta de verdadero análisis de en qué consisten las opciones nacionalistas (no porque sean malas en sí mismas, sino porque no comprende su verdadero sentido), la falta de astucia en generar concordia y no ruptura quemándose vivo en temas, en el fondo, menores; a su falta de saber estar desde un punto de vista institucional, por no hablar de su conducción de la política internacional, el país y su partido está pagando el cursillo de aprendizaje del hombre que nos tiene que liderar como país: la institución no es sólo del ocupante.

Leo McGarry eligió un tipo para llevar a La Casa Blanca que no le avergonzara al decirle en la intimidad Mr. President. Hay algo inevitable en el liderazgo de ganarse los galones. El padre de Juan Granados nos ha facilitado vía Sartine una contribución esencial a la ciencia del liderazgo, tan almibarada en la mayoría de las ocasiones: "el que manda se jode y se queda a pie firme hasta el final". Ay, José Luis, se te ha encogido el talante en estos días.

La decepción verdadera es que esta nuestra democracia, imperfecta, tan imperfecta, pero que después de todo ahí sigue, con ETAs, PNVs, Esquerras, Gales y Filesas, Giles y Rocas, con Terras Míticas y Manacores, con los Albertos en la calle, un lugar donde el imperio de la ley pervive aunque puede que resquebrajado, es resueltamente incapaz de seleccionar los líderes capaces de hacer que los dos bandos que suelen helarnos el corazón se pongan de acuerdo en percibir la dignidad del que encarna la institución. Mejor dicho, en sentir que la transmite. Honorables y Lehendakaris tienen otra suerte. Puede tener que ver con la mirada que les dan los súbditos, pero tiene mucho que ver la pasta del ocupante. Precisamente, ver que Zapatero está desnudo hace más estruendoso el vacío que nos deja Mariano: A Mayor Oreja le bastaría una ronda por todas las radios esta semana para salir disparado en las encuestas. Y que conste que no es al tipo que querría votar, que eso da para otro artículo, es que tiene el saber estar, quizá porque ya ha enterrado a casi todos sus amigos víctimas de decir lo que pensaban y en lo que creían. Supongo que saben quién los mató.



sábado, enero 06, 2007

¿Se lee en La Vanguardia a Berlin Smith?


Eso cree nuestro Mapuche disidente. Qué quieren que les diga: resulta muy estimulante y regocijante la posibilidad. ¿Quedaría como un muy entretenido colofón de la manta de folios que les he soltado sobre El Ala Oeste? ¿O el público pide más? ¿Pide más parábolas teatrales, quiere saber donde está Leo McGarry en este entramado ante la mayoría de edad, que no de cordura, del Zapatero prodigioso? Veremos, que dice el clásico que dijo un ciego y se quedó sin ver.

El Mapuche advertía ayer, y conste que no le pago por decir estas cosas (que el eterno de internet le condene a ser recordadas sus palabras por los siglos de los siglos) que el Sr. Juliana, a la sazón comentarista político del susodicho diario de tanta tradición catalana (ya sabemos que catalanista no, aunque ahora conserve un limpio castellano junto a la redacción "Catalunya" para referirse a "Cataluña", cosas de la corrección política), dedicaba unas palabras que, servidor, que también quedo atrapado en la máquina del tiempo de las cachés de Google y de mis vigilantes enemigos, he calificado a lo Racionero de "intercontextualización".

En realidad, ni el Mapuche ni yo tenemos pruebas de nada, sólo ganas de meter bulla ante lo que parece una inspiración un tanto próxima. O sea, que de plagio, nada, coincidencia en los temas y en algunas valoraciones, puede. Y eso llena de orgullo al sobrevenir la certeza de que podría escribirse públicamente en La Vanguardia y cobrar por ello. Mandaré una carta al Conde de Godó para preguntarle qué hay de lo mío.

Al grano. Decía el mapuche Albert:

PS: su post ha salido publicado hoy (5 de Enero) en La Vanguardia, sección política en la columna de E. Juliana -Los gobernantes deben sufrir (sin demora)- cito de memoria. Es una copia empobrecida de su post. E. Julina ya lo suele hacer, con Bauman, Gaziel y ahora...Berlín.

PSS: Sr. Juliana, tiene usted buen gusto.
Nada como seguir en este caso una máxima que siempre les repito: juzguen por sí mismos, sean protestantes y léanse sólos la biblia a salvo de intérpretes interesados como lo puede ser un servidor. Ah, pero para hacer la lectura valiosa, ANTES deben leerse el post de Berlin Smith causa potencial del paralelismo. Juliana, Smith y Plutarco: tenemos un futuro.

He aquí la pieza de la discordia (que publico sin derechos para ello pero que he pagado ¿eh?, que mandé un SMS para que me dejaran entrar a la edición digital):

El gobernante debe sufrir (sin demora)

ENRIC JULIANA - Madrid
En toda sociedad acomodada - en España, por ejemplo- el momento más arriesgado para el poder político es hoy el de la Fragilidad Evidente. Atentados terroristas, catástrofes naturales y alarmas sanitarias han visto potenciada su naturaleza doblemente lesiva: el daño objetivo que producen y la insoportable sensación de desamparo que transmiten. Transferidos a las instancias imperiales,los poderes que antaño podían hundir abruptamente a cualquier país europeo en la infelicidad y la desgracia - declarar la guerra, extender la leva, poner y sacar aranceles, y devaluar la moneda-, los viejos estados nacionales bordean la quiebra moral cuando un acontecimiento inesperado pone al desnudo sus nuevos y restringidos límites. Cuando lo Imprevisto los desborda bajo la luz cegadora de los focos.

Amenazada la legitimidad del poder no transferido al esbozo imperial europeo, el gobernante debe cumplir nuevos rituales para restablecer la tranquilidad pública. El gobernante debe sufrir a la vista de todos, compartiendo en vivo y en directo, lo más rápidamente posible, el dolor de los damnificados y la fragilidad manifiesta de la ciudadanía. Debe someterse de inmediato al riesgo del escarnio público - cuanta más rapidez, más veracidad- para fortalecerse de nuevo. Debe desmentir ritualmente lo que todos intuimos o sospechamos: que el poder habita cada vez más más lejos, transformado en un entidad metafísica, inaprensible y huidiza.

Hay gobernantes muy bien dotados para captar ese momento clave y fundamental de la moderna tragedia griega - el socialdemócrata Schröder ganó unas elecciones gracias a su instinto en una inundaciones-, pero no es raro que el aturdimiento los paralice, o los atrape la visión racional y política de los hechos.

Le ocurrió a José María Aznar tras el hundimiento del petrolero Prestige y en las horas inmediatamente posteriores a la gran matanza del 11-M. Y puede que le haya ocurrido ahora a José Luis Rodríguez Zapatero. Fuentes próximas al presidente del Gobierno señalan que mantiene absolutamente vivo el convencimiento de que es posible acabar pronto con ETA, ante el escepticismo de algunos de sus más inmediatos colaboradores y la creciente preocupación de los dirigentes y cuadros medios de su partido, que comienzan a temer por la suerte del PSOE en las elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo.

Zapatero, dicen, habla estos días de la necesidad de no perder la perspectiva. Pero las leyes de la moderna tragedia griega son inexorables: el gobernante debe sufrir, sin retraso alguno, bajo la luz cegadora de los focos.
Señor Juliana: si en verdad me lee, vendrá por aquí y encontrará este post. Está hecho con buen humor, deportividad y con la única intención de hacer un juguete de entretenida discusión. Como se puede leer en su artículo, tiene fuentes próximas a Moncloa y yo no. De hecho, mandé un mail a Moncloa preguntando por el Belén de Barajas y hasta hoy, que debe ser él último día de la maqueta, no he tenido respuesta. Los bloggers no somos medios.




viernes, enero 05, 2007

Crear la agenda política (oh, sí, también Toby Ziegler)



Los entretenidos lectores de esta web, pasto de esa plaga que son las microaudiencias (a todas luces inmerecidas, déjenme un segundo de autocompasión), reclaman un espacio para ese judío rescatado del fracaso que es Toby Ziegler, otro engranaje de El Ala Oeste. Welcome, westwingers, la realidad, siempre más increíble que la ficción, vuelve a ponernos la entrada de otro personaje y su rol al cabo de la calle.

Ziegler hubiera sido normalmente un fracasado. Idealista o, simplemente, decente, es un estratega electoral que nunca ha ganado unas elecciones, básicamente porque sólo quiere trabajar con candidatos llamémosle, a pesar de lo confuso del concepto, honestos. Honestos para las ideas, honestos consigo mismos, poco dados a renunciar a sus creencias por contentar a la masa. En su lado más pragmático, cómo poner a la gente, we-the-people, por encima de los severos intereses, unas veces de estado, otras tantas de las grandes corporaciones, que son el pan nuestro de cada día de las repúblicas que tanto amamos.

Pero Ziegler no es un técnico fracasado porque no tenga un conocimiento de su trabajo, porque sea poco competente en él. Por favor, es judío, y dicen que asevera el talmud que la ignorancia es un pecado mortal. Ya sólo por eso parte con ventaja. Su fracaso es el de aquél que necesita vender un millón de botellas de vino en un país de abstemios en el que sólo viven quinientas mil personas: falta de egoísmo al aceptar un reto que sabe que no se puede ganar. Un éxito si vendes las quinientas mil posibles. Insuficiente para sacar la fábrica adelante. Así que la primera vez que gana es a lo grande: pone a un premio nobel en La Casa Blanca. Él y otros más, pero su trabajo es la estrategia de comunicación. En definitiva, saber cómo se vende el producto que tenemos.

Bartlet, el presidente católico y pro-choice en un país de protestantes generalmente antiabortistas (qué tendrán las minorías que suelen encontrar simpatías en las otras minorías) se encuentra durante su tercera o cuarta temporada de la saga (Navajas, corrige tú de ser menester) enfrentándose a la reelección en pésimo momento de su popularidad: el país sabe que ha mentido o, más propiamente, ha ocultado, su grave enfermedad, esa que le puede incapacitar para nada útil, precisamente en un país donde al menos de puertas para fuera la exigencia de mérito y cualificación es algo que tiene en cuenta hasta el tipo más tirado de la calle 42 de Nueva York. Si Rudi Giuliani ha dejado alguno.

Bartlet es, y por tanto sólo un consuelo, la literaria venganza de Aaron Sorkin blandiendo la espada de los demócratas contra los presidentes republicanos ignorantes y simples: Bush hijo, Reagan, aquél esperpento de Dan Quayle para rejuvenecer a Bush padre, no son hombres de letras. Bartlet es un premio nobel al que le encanta repartir latinajos y provocar a su staff con miles de preguntas exigentes de un conocimiento enciclopédico de la Historia y la Biblia (¿no es encantador en su ingenuidad?). Frente al inmejorable estilo comunicativo de un Reagan locutor de radio, no han tenido los demócratas hasta Clinton un tipo telegénico capaz de saberse de memoria algunas frases de Cien Años de Soledad. Rhodes scholar, para más inri. Bartlet parece un remedo de Kennedy y Clinton elevado a la enésima potencia.

Así que Toby Ziegler se acerca al oído del Presidente atribulado y perdido, con su popularidad bajo mínimos, incluso con cierta desilusión entre el propio grupo de fontaneros que le ha puesto en la silla, y le dice: make this election about who is the smartest guy, plantéale a la gente la cuestión de a quién hay que elegir de forma que conviertan el primer punto de su escala decisora en quién es el más capaz. Desconozco si, con evidente mala leche, los productores eligieron como candidato republicano a James Brolin, marido de Barbra Streisand, que si fuera la décima parte de bueno como actor lo que su mujer de cantante (que es mucha, mucha cantante), tendríamos una reencarnación de Sir Lawrence Olivier. Ziegler dijo cómo había que vender la frasca: si nuestro tipo es insultantemente soberbio y sabiondo, especialmente irritante para un país que gusta de ver gente como ellos tomando las decisiones (en un país donde todo el mundo cree que nadie nace enseñado y que no se puede saber de todo, para eso el Presidente tiene que contratar asesores a los que debe juzgar por un claro referente de valores), sácale partido a tu fortaleza y pon en evidencia la debilidad de tu rival.

El resultado es una transacción: los de Brolin, sabedores de su poca categoría intelectual, quieren pocos debates; los de Bartlet, seguros de la dialéctica del académico, quieren más de uno y de muchos temas para buscar más la evidencia del débil. ¿El resultado? Todo a una carta, pero con un formato donde el listo puede explayarse. Y gana el listo. Pero la vida no son películas, da lo mismo si la estrategia es correcta si quien la ejecuta no está a la altura.

Nuestro Príncipe ha sido bastante capaz de marcar la agenda política en torno a una palabra paz. Da lo mismo si resulta un infeliz o una suerte de Peter Pan sin Campanilla. Paz es una palabra difícil de derrotar, así que él, siendo consciente o no, se presenta como la paz. Si me votas a mí, si me sigues a mí, estás eligiendo la paz, ergo cualquier otra alternativa, no sólo es inmoral, sino que sólo puede ser la de un violento, o un guerrero, la de un amigo de las armas y los disparos. Mal asunto para el opositor, que lucha denodamente para explicar que la paz no existe, que existen cualidades de ausencia de violencia, rendiciones, derrotas y venganzas aplazadas.

El chiringuito se cae cuando es evidente que el predicador de la paz y la bondad universal no puede garantizar que la realidad sea como la espera. "Vivimos en un mundo cruel", viene a decir la abuela de los dos pobres niños que persigue Robert Mitchum en La noche del cazador: un búho, tan hermoso, se come un conejo, tan entrañable. Si no era un conejo, sería un bicho todavía más enternecedor. Los nudillos de Mitchum llevan tatuados love y hate en cada uno de sus dedos. La realidad, tan dual, tan dialéctica, tan hegeliana. La mano del odio le ha pegado a José Luis en la cara, la otra mano de los que le habían tendido la del amor resulta que está pegada al mismo cuerpo y no se sabe si se había tenido en cuenta.

Bien, la agenda política está destrozada. Es nuevo momento de elecciones. De elegir, no de votar. Para José Luis y para Mariano. No basta con saber qué alternativa le estás proponiendo al electorado. Si estás conmigo, es esto. Si estás con aquél es aquello. Mientras Albert indaga en un viejo libro mapuche la esencia de la antropología de los latinos - o de los meditarráneos - y su relación con el verbo lead, del que sólo contamos con traducciones, un personaje salido de la escena regresa y plantea una elección diferente. Lo que es más interesante, es capaz de explicarla de modo diferente, especialmente cinematográfico para dolor de Mariano: "Si quieren negociar, deben «tirar las armas y acercarse con los brazos en alto»". José Bono, que perdió la elección frente a José Luis por una miseria de votos procedente de la venganza de los guerristas, que le estaban esperando. ¿Se tragarían la traición hoy?

Las mayorías muchas veces se equivocan cuando eligen a sus dirigentes (déjenme reconocerles que yo pienso que la mayoría se ha equivocado al elegir a José Luis, pero lo bueno es que podemos echarle con otra mayoría que tiene serias posibilidades de volver a equivocarse). Pero es lo que hay y son las menos ineficaces reglas del juego de las que disponemos. La cuestión política se ha trastocado tanto que ya la agenda está marcada por el José Luis, sí; José Luis, no. Para contrarrestarla, el Príncipe se ha ido al lado humano, sostenella y no enmendalla, si me reafirmo heroicamente como campeón de la paz, soy un santo y no un ridículo. Mientras las bombas sin explotar van dejando hueco el discurso, en sus propias filas surge la desaparición y un líder olvidado que tiene una nueva propuesta: "con los brazos en alto", el aliento que la ciudadanía - ¿la nación? - probablemente quiere escuchar de su padre, líder, campeón, héroe.

El Príncipe y su opositor están aturdidos. Necesitan un Ziegler cercano que susurre al oído. El bosque de Birnam parece moverse. ¿Es así? Nuestras mentes son simples, esperan saber dónde reside el bien y el mal para creerlo y hasta para votarlo. O botarlo.