lunes, enero 09, 2006

Soldadito Español



Dice Jesús Cacho hoy que el soldadito español que inocentemente nos llama la atención de que son sus sables los que garantizan la Constitución no dice otra cosa que lo que decimos muchos en el salón de nuestra casa: que el Gobernante, a fuerza de pactar con partidos que quieren romper España (¡a mi la legión!), está poniendo en peligro nuestra concordia y bienestar tan duramente trabajados en estos que sí que han sido treinta años de paz.

Oiga, D. Jesús, el soldadito no ha dicho eso. Ha dicho veladamente que tiene que intervenir si los políticos pactan algo que él considere en contra de la Constitución. Y a eso se le llama tutela de las armas al poder civil. Lo que me asombra es que, como pasó con el Gal, la gente que se quiere llamar liberal se dedique a desviar la atención con otras consideraciones porque la plebe, en su infinita sabiduría, dice en el comedor de su casa que cuánta razón tiene. O como se decía en voz baja que ojalá hubiera tenido más puntería el Gal.

Estas son las pruebas de fuego de una democracia. Para los que se proclaman de izquierdas con ese aire solemne que se autoinsuflan adquiriendo un pedestal de ética, esto es cojonudo: qué mala es la derecha, que siguen encima del caballo de Espartero. Uno piensa que el soldadito ha hablado de puro tonto, pero su trabajo no es opinar: si tuviera un grado de decencia sería él quien hubiera renunciado a su destino, su cargo o lo que tengan los soldaditos. Pero no, todo parece que en privado le estarán diciendo eso de óle tus güevos, tú sí que tienes cojones.

Esa confusión entre testosterona y responsabilidad que era (o sigue siendo) tan propia de la cultura celtibérica es lo que subyace. Y este Señor Rajoy, de sabiduría - dicen - gallega, es más tonto que el soldadito y en vez de salir a la palestra a decir lo que tiene que decir, que los soldados no opinan de política y que exige su renuncia, apartamiento o lo que sea por la propia dignidad del ejército español (repito: por la propia dignidad del ejército español) se calla y dice, por medio de su portavoz, que todo es culpa del torpe de Zapatero.

Zapatero es torpe. O no: yo creo que es un idealista sin experiencia, dicho lo de idealista en el peor de los sentidos. El error Zapatero es pensar que puede haber consenso esencial con aquellos cuya agenda es precisamente la contraria que el propósito del consenso: se quiere consensuar como un modo de integrar, cuando el secesionista quiere consensuar como un paso pendiente del siguiente paso. Peso eso no es materia de soldaditos: que se vaya a su casa con toda la deshonra.

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